Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.
Khalil Gibran

Dos de mayo. La desescalada había comenzado, esa era la noticia más relevante de los noticiarios. El regreso a la «nueva normalidad» sería en fases, comenzando por la 0.
Había imaginado cómo sería esto de salir de nuevo a la calle y viendo a otras personas, pero lo que no llegaba a visualizar era de qué forma. Nada más alejada de la realidad.
Estoy segura que no era la única que sentía emoción por salir a pasear, recorrer de nuevo las calles de la ciudad, pero a la vez una incertidumbre y miedo me invadía. «¿Cómo será esto?» me preguntaba, y cierto es que una vez dando un paso fuera de casa todo se hizo real. Resultaba emocionante ver a las personas que al igual que yo ansiaban volver a respirar el aire – sin la mascota, sin el carrito o bolsa de la compra – por fin éramos «libres».
Eran las 20 horas, el momento de los aplausos había durado menos de lo que estábamos acostumbrados, ahora era turno de salir. Ver a todos en la calle era como volver al mundo, un mundo que había cambiado por completo, que había dejado de ser el que yo conocía. Las sonrisas y muecas se habían ocultado detrás de mascarillas azules y blancas. Ahora lo único que observaba eran ojos expectantes, que se adaptaban a la nueva realidad para ver solo eso, rostros con mascarillas que con el paso de los días se convertirían en lo habitual.
Éramos cientos recorriendo las calles, algunos salían a hacer deporte porque ya estaba permitido, otros como nosotros, solo decidimos salir, dar un paseo sin un rumbo porque al final la calle era nuestra, de todos. El día estaba hermoso, el cielo azul y las aves cruzándolo. Y a la vez, el panorama era desolador. Negocios cerrados, era como pasear un domingo por la noche, cuando ya todas las cortinas están abajo, la diferencia estaba en que era sábado aún con luz. Ese sentimiento sombrío duraría un par de semanas más.
Me siento más tranquila y contenta. Incluso en el ambiente se respira un poco más de felicidad, tengo esa percepción. El clima ha mejorado y eso se siente en todos lados. En este punto ya hay más negocios abiertos, lo que inyecta un poco de alegría a los paseos, aquí tengo que confesar que me he tomado ya varios helados. Vamos avanzando, como dicen en todos lados, poco a poco y sé también que aún queda mucho y si respetamos las medidas de seguridad que se no han pedido, contribuiremos a que todo vaya mejorando.
En algunas otras partes de España, ya han pasado a fase 1 e incluso a la 2. Ahí las cosas ya están «un poco más normales», ¡las terrazas están abiertas para poder disfrutar una cerveza y reunirse con los amigos! Y la verdad es que les tengo un poco de envidia.
Esto solo es el comienzo de nuestra nueva realidad.